COFFEE BREAK
COFFEE BREAK
Daniel Cardona
Honoré de Balzac tomaba 300 tazas de café al día. No sé de que habrá muerto este tipo pero apuesto mis pelotas a que no fue de una insuficiencia de cafeína.
Yo bebo cuatro tazas diarias, debería esforzarme demasiado si pretendiera igualarlo. En Colombia, país cafetero por excelencia, me tomaba uno que otro capuchino, muy de vez en cuando. Acá, cerca del polo, me convertí en adicto al café barato. Hipótesis no faltan: El acelerado ritmo de vida de esta zona del globo requiere una buena dosis de energía, el café apacigua la nostalgia (o la detona, su aroma me transporta al trópico), el clima es implacable y un cafecito caliente lo "torea", y además es gratis, va por cuenta de la empresa.
Como sea, soy una cafeínomano in crescendo. Trabajo, estudio, tengo una esposa y fuera de eso le saco el ratico a este otro vicio, el de la escritura. No queda mucho tiempo para dormir.
Por ahora me despido, necesito un café.
