Por: Daniel Cardona Ochoa
Arantxa tiene fama de ninfómana, no en vano se ha ganado el apelativo de Araña. Dicen las malas lenguas que todo chico que se le hace apetitoso caerá indefectiblemente tarde o temprano dentro de sus redes para ser engullido por la voraz Arantsexo, la siempre descontenta y jamás satisfecha araña de Ciudad K. También cuentan los chismosos que la lengua de Araña no es una mala lengua y que le encanta utilizarla no precisamente para escarbarse la comidilla remanente de sus muelas. La han visto entrar a todos los moteles de la ciudad en compañía de tipos enormes que la hacen ver mas pequeña de lo que es en realidad, al parecer esta chica no se anda con nimiedades y le gusta jugar en grande. La inmensidad de su insatisfacción es siempre proporcional a las dimensiones de sus acompañantes. Dicen que ha buscado un orgasmo por todas partes, debajo de su almohada, en el fondo del baúl, pero el maldito espasmo continúa perdido. Lo ha intentado con drogas y con alcohol pero esta chica es incapaz de conseguir satisfacción.
Leopoldo es un tipo ele. Básico, primario, ele-mental, un troglodita de 175 kilogramos al que a duras penas se le entiende lo que habla. Es talla XXXL y desde pequeño tuvo que cargar con algo mas pesado que aquellos kilos en exceso que le atrofiaron la columna. Ese algo que le deformó los huesos de su mente fue el apodo de Elefante con el que lo bautizaron sus compañeros del colegio. Creció como un elefante, callado, voluminoso, introvertido, pesado. Siempre fue poco sociable y su mejor amigo es un vendedor de revistas escandinavas que cada ocho días pasa por su casa para ofrecerle el número mas reciente de su publicación favorita. Nunca ha necesitado buscar un orgasmo, se lo encuentra varias veces al día en la mitad de una revista sueca que siempre termina en el fondo de un baúl o debajo de su almohada.
Araña tiene fama de ninfómana pero también le encanta ir a cine. Las películas que mas le gustan son las de Gust Van Sant y se ha visto “Elephant” aproximadamente 33 veces. Su padre era un tipo enclenque que la visitó de niña varias veces en su habitación antes de tomar la decisión de irse a vivir con una quinceañera que conoció en uno de los billares del centro de Ciudad K. Desde entonces Araña detesta los flacuchentos y ha optado por enredarse con tipos grandes. Cada que se repite “Elephant” se imagina que su papá es uno de aquellos desafortunados que reciben las balas de los adolescentes deschabetados que diapararon a diestra y siniestra en el high school de Columbine. Lo ve caer y le dan ganas de retroceder la cinta para repetir la escena y le parece que poco a poco va sintiendo algo de satisfacción y que aquella película de Van Sant puede ser mas estimulante que las drogas o que el alcohol.
Leopoldo es un tipo ele de talla XXXL apodado Elefante pero además es un entusiasta de las películas triple X. Tiene una colección increíble de filmes pornograficos y se hace la paja un promedio de 33 veces al día. Alguna vez le dijeron que podría bajar de peso a punta de masturbación y desde entonces lo sigue intentando. Leopoldo no es troglodita 100% ya que también le gustan las películas de superhéroes. Normalmente se ve “El hombre araña” después de hacerse la paja. Piensa que Ciudad K es un desastre ya que toda ciudad que se respete debe tener como mínimo un superhéroe. Tocan a su puerta y por un momento se imagina que un arácnido enmascarado ha venido a entregarle la fórmula mágica para perder kilos. Hace un esfuerzo enorme por levantarse y al abrir entrega unos cuantos dolares a cambio de tres revistas non sanctas.
Araña también escucha música alternativa y está feliz porque en Kundera Plaza están presentando “Last Days” de Vant Sant. Se ha puesto su pinta grunge y se dice que al único flaco que le entregaría su culo sería al niñolindo de Kurt. Un animal colosal que de grunge no tiene ni el olor la lleva en su Harley hasta el centro comercial. Le promete recogerla una vez se termine la película y le estampa un grasoso beso sobre su frente. El afiche que anuncia la película está rayado por todos lados con slogans en honor al extinto lider de la banda que la apasiona. Se dirige a la taquilla y piensa que el hombre de la moto le pudo haber sacado un orgasmo si hubieran visto “Elephant” mientras se revolcaban en el motel pero recuerda que en los moteles de Ciudad K sólo tienen un canal y no pasan precisamente cintas de cine conceptual.
Elefante ha quedado como medio aguevado depuès de hacerse la paja número 27 del día y considera la posibilidad de ir al teatro. Se pone lo primero que se encuentra y atraviesa la media cuadra que separa el Kundera de su casa. Se alegra de ver en cartelera el estreno de Linterna Verde y se dice que ese sería el superhéroe ideal para Ciudad K, un paladín discreto para una ciudad discreta llena de tipos gordos y mujeres insatisfechas. Paga el boleto y entra a la sala. No hay nadie adentro, ocupa tres asientos y destapa el paquete de crispetas con caramelo que compró en aquella confiterìa plagada de bichos raros que se hacían llamar grunges. Masticó y rompió el silencio.
Araña maldice cuando la niña de la taquilla le informa que la película ha sido supendida debido a los desordenes generados por algunos adolescentes desaptados durante la premier. No se iba a quedar dos horas ahí parada esperando a que el tipo de la moto la recogiera y decidió meterse en la sala alterna donde estaba por comenzar una estúpida película de aquellas que tanto detestaba. Se metió a la sala y notó que algo le tapaba un área importante de la pantalla. En lugar de molestarse con esa situación, sintió un interés particular por la gigantesca figura que tenía en frente. Fueron dos horas mirando un mar de carne que masticaba ruidosamente desconociendo que detràs había un bicho raro que lo quería meter en su red para devorarlo a la mejor manera escandinava.
Araña tiene fama de ninfómana y no se le dificultó entablar contacto con el tipo ele al terminar la función. Elefante se hizo la paja número 28 durante la proyección de Linterna Verde y comprendió que aún tenía 5 cartuchos.
En un motel de Ciudad K una araña jugaba con la trompa de un elefante. Araña era ninfómana y Elefante mas bien pervertido. Entendieron que la tela si resistía y fueron a llamar a otro elefante. Instantes después el gordo de la Harley participaba de un festín al que todavía le quedaban un par de cartuchos por quemar.
EL BURLADERO
O desvaríos de un autista al límite de la cordura
Por: Daniel Cardona Ochoa
Sentado en mi esquina veo pasar una hormiga y pienso que HORMIGA rima con AMIGA y me imagino que tal vez ese pequeño animal es amigo mío. Me mira y piensa que HOMBRE rima con la primera parte de un sombrero, o sea, con SOMBRE y se imagina que yo debo estar incompleto y que no merezco ser su amigo.
Me pongo triste y empiezo a golpear con mi cabeza la pared y pienso que PARED rima con USTED y me imagino que esa persona que ahora está leyendo es tal vez un muro cerrado que está pensando seriamente detener la lectura en este preciso instante. Además de ser usted un muro cerrado parece que es también tremendo masoquista y se debe de estar diciendo “Puta, ¿qué hago leyendo a este mongólico?” y pensará que la primera parte de mongólico, o sea, MONGO rima con CONGO y le darán ganas de irse a un lejano país del África para no seguir leyendo estas pendejadas. Pero como no tiene ni la plata ni el tiempo para viajar hasta tan lejos, opta por continuar con su lectura y se da cuenta que tal vez este autista tenga algo de razón y usted si sea un cerrado muro.
A estas alturas ya le he propinado 400 golpes a la pared y no me ha salido el primer chichón. En cambio, la pared empieza a ceder y amenaza con venirse abajo. Cuando comience a caerse, la hormiga estará justo debajo de ella y pensará que tal vez si debió haber considerado la posibilidad de ser mi amiga pero ya es demasiado tarde, la pobre no tiene ni el tiempo ni la plata para esquivar los ladrillos que en breve la habrán de aplastar.
Cuando la pared se esté viniendo abajo, el desesperado lector estará pensando que tal vez el mongólico no es el niño que le da cabezazos a la muralla sino aquel que haya caído en su juego y continúe leyendo estas estupideces. No obstante, al final se dará perfecta cuenta de que no hubo mongólico alguno y que al terminar este autista texto él mismo habrá dejado de ser un cerrado muro. Y como MURO rima con CANGURO, me voy ya mismo para Australia a meterme en la cálida bolsa de un marsupial porque yo si tengo el tiempo y la plata para viajar hasta tan lejos y además ya me cansé de estar repartiéndole cabezazos a esta frágil pared.
Por: Daniel Cardona Ochoa
Su cantaleta no funcionó: que mañana hay que madrugar para el colegio, que le va a dar gripa con este frío, que la noche es un peligro, que si no llego a las once me deja afuera y otros qués que se perdieron en el espacio cuando cerré la puerta para salir disparado hacia el parche de la esquina. Siempre le huí a los consejos de mi mamá y aquella noche no fue la excepción. Tenía mi camisa de chalis porque no me podía ir como un zapato pecuecudo sabiendo que aquella chica había vuelto del extranjero para darle status a nuestro parche.
Media cuadra antes de llegar la ví haciéndole algún tipo de pregunta a cada uno de mis amigos. Al parecer las respuestas no se le hicieron satisfactorias dado los gestos decepción que se dibujaban en su rostro. Cuando llegué Maxi estaba girando su cabeza de lado a lado, mirando hacia el piso como queriendo que se lo tragara la tierra, sabía que desde aquel momento perdía todo tipo de posibilidades con Gloria, sabía que su noche se acababa de echar a perder. El silencio se hizo sepulcral pero la rubía lo rompió sin compasión al percatarse de mi presencia. A todos los aniquiló con su presencia, con su estampa majestuosa y con ese mortal interrogante, con esa pregunta que ahora se disponía a dispararme, la misma que no podía admitir sino una única y exclusiva respuesta dado el hecho de que nunca en mi vida había utilizado mis piernas para algo distinto a patear un balón.
- DE MARAVILLA - le respondí
Y es que no podía quedar como un zapato pecuecudo ante semejante belleza y menos en ese fúnebre instante en el que mis amigos estaban hechos una laguna patética de verguenza.
La chica pareció emocionarse con mi respuesta y yo parecí emocionarme con su reacción a juzgar por el abultamiento de la parte delantera de mi jean color azul petroleo. Los muchachos se quedaron con la boca abierta y no precisamente por la admiración que les despertaba la rubia, no, mis dos contundentes e inesperadas palabras los dejaron de una sola pieza. El único que pareció no quedar muy convencido fue Maxi, el mas inteligente del grupo, el mas listo, el superagente 86, Max-well Smart. En aquella oportunidad su sagacidad camuflada de envidia se impregnaba sobre el chalis de mi camisa pero nada pudo hacer ante el poderoso azul petroleo de mis jeans. El petroleo es cosa jodida, guerras sangrientas se deben a él.
Los cinco días siguientes fuí un superheroe irreemplazable, mas popular que Maxwell Smart, una celebridad casi tan importante como la misma Gloria. Mis amigos me invitaban a helado de ron con pasas y a una que otra cerveza pues en esa época no había mucha plata y nos regañaban en la casa si llegabamos oliendo a licor así que no podíamos excedernos en la dosis personal de pola. Incluso destronaron a Maxi y me eligieron como capitán del equipo de fútbol, cosa del otro mundo porque todo hay que decirlo y hay que recordar que hoy en día Maxi es la estrella del Junior de Barranquilla. Las chicas me miraban con interés, especialmente Gloria, Gloria aventura de mi mente, Gloria agua del desierto, Gloria corazón abierto, Gloria destino incierto, por tí seré todo un experto.
- ¿Un experto? ¿En una semana? Vos sabés que mas tieso que vos no hay nadie, yo milagros no hago.
- Si mami, necesito aprender a hacerlo DE MARAVILLA.
- Venga pues a ver mijito pero yo le recomiendo mas bien que se haga quebrar una pata en el partido de esta noche, yo no veo de otra!
Siempre le huí a los consejos de mi mamá, mucho guevón, debí haberme quebrado no una, sino las dos patas, tal vez de aquella forma no me hubieran fracturado el corazón.
A medida que se acercaba la hora cero empecé a perder el apetito, ya no me entraba el helado de ron con pasas, se me quitaron las ganas de la cerveza nocturna y hasta deseos me entraron de devolverle a Maxi la cinta de capitán.
...21,20,19,18,17,16,15,14,13,12,11,10,9,8,7,6,5,4,3,2,1,0. Cero y van quinientas veces que me digo guevón, ¿por qué no le hiciste caso a tu mamá?, ¿por qué no te quebraste una pata? ¿por qué no te quebraste la otra?, pero siempre le huyo a sus consejos, Cero y van quinientas un veces ...
Todos estaban sentados, claro, tomando cerveza y esperando con ansias a su héroe, aquel que venía a salvar la patria y a vomitarle en la cara a todas las féminas, incluso a Gloria, que nuestra especie si sabía como moverlo, que nosotros sabíamos usar nuestras piernas para otras cosas bien diferentes a patear un balón de fútbol.
Me senté al lado de Maxi, siempre fue el mas inteligente del grupo, el mas listo, el superagente 86, Max-well Smart. Me sonrió ironicamente, aquella noche su sagacidad se había camuflado de venganza.
- Yo sé por qué te atreviste a venir, yo sé por qué no te hiciste quebrar una pata.
- ¿Por qué?
- Porque sos un tipo correcto y venís a devolverme la cinta de capitán.
No le dije nada, me hice el guevón y me quedé callado mientras veía emerger desde el fondo del salón a la belleza sin par que leennntttaaammmmeeeennnttttteeee se acercaba, paso a paso, mirandome sensualmente, pensando para sus adentros "este chico lo hace DE MARAVILLA" y yo derritiéndome, mirando para todas partes, sintiendo como las miradas de los muchachos se clavaban dolorosamente sobre mi espalda, queriendo que me tragara la tierra con su boca podrida y maloliente. Era mas alta que yo, era un gigante con falda que me extendía su mano y acababa con mi reinado.
Un tipo feo que se creía locutor tomó el micrófono:
- Y nada mejor para dar inicio a la fiesta de 15 años de Gloria Triana que una pieza bien movida a ritmo del merengue mas pegado del momento !
Recuerdo como si fuera ayer aquella maldita canción, era un merengue que decía "...te vas y vuelves, te vas y vuelves, pareces una ola que se va y se pierde ...".
Antes de terminarse la melodía pude percibir las risas de unos, el rictus de decepción de otros, el gesto triunfante de Maxi y la mirada dolorosa y fulminante de Gloria que me convertía en una ola que se iba para no volver, que se iba convertido en un zapato pecuecudo, que se iba para perderse con el rabo dentro de las patas que sólo servían para patear un balón, que se iba respirando rabia y verguenza mientras se quemaba en el fuego de aquella chica.
Antes de salir pasé al lado de Maxi, me detuve y saqué un trapo feo de uno de los bolsillos de mis pantalones nuevos. Le entregué la sudorosa cinta de capitán que nunca debí arrebatarle.