Por: Daniel Cardona Ochoa
Axl se halló sorprendido sobre el borde de la circunferencia, no tenía ni idea de que diablos se encontraba haciendo allí parado bajo el inclemente sol pero eso realmente poco le importó. Lo que en verdad se le hacía interesante era el hecho de que por primera vez en su vida estaba parado en un borde.
Siempre hay una primera vez para todo, eso le decía su mamá cada que le pasaba algo nuevo, bueno o malo, como cuando le nació su primer diente (uno de leche que mas tarde se lo comería el ratón Perez), como cuando le salió su primer barro con pus en la punta de la nariz, como cuando tuvo su primera polución nocturna que en realidad fue diurna, como cuando lo despreció la niña de sus sueños por barroso nariz de pus, como cuando supo que el ratón Perez sufría de intolerancia a la lactosa y se murió después de comerse su diente de leche, como cuando supo que no siempre hay una primera vez para todo.
Lo que realmente le importaba era que por primera vez estaba parado en un borde, porque aunque hace poco estuvo al borde de la locura no estuvo parado sino en cuclillas y eso es una tremenda diferencia (cagar parado es un tormento). Y erguido allí sobre el borde de la circunferencia, bajo el implacable amarillo, se imaginó que quería un abrazo y entonces miró hacia afuera para no divisar nada más que un infinito mar de arena humeante. No le quedó otra opción que mirar adentro y !oh sorpresa!, divisó en el centro del arenoso círculo una caja de madera pintada de negro, como la noche, como el carbón, como una estrella extinguida, como el color de su corazón, y sudando como vaca asustada se dijo "!mierda!, quién sería el bruto que pintó esta caja de negro? Acaso no sabía que el negro absorbe el calor?".
Pensando en ello se dejó llevar hacia la oscura caja como si fuera un tornillo que está siendo atraído por un imán potente y arrogante que cree que puede apropiarse de todo sin saber el muy ignorante que no todo en el mundo es de metal. Se dejó atraer por la caja negra con tal fuerza que cuando quiso frenar la fricción le evaporó los zapatos dejándole los pies desnudos sobre la arena hirviente, dejándole bastante perplejo y dejándole varias ampollas que le hicieron recordar que a veces es mejor quedarse parado en el borde aunque sea para sudar como una vaca haciendo fila en el matadero. El frenazo fue inutil y el golpe no tanto porque al estrellarse contra la caja se abrió su tapa dejando al descubierto la imagen inerte de una peliroja durmiendo su sueño eterno.
Del centro de la circunferencia dió un salto cuántico hasta su cama, donde se halló sudando a cántaros como una vaca haciendo fila en el matadero y con el corazón a mil revoluciones por minuto como si en su pecho se produjera el incesante zapateo de un bailarín de Tap negro, tan negro que sin querer queriendo absorbía todo el calor. Miró al extremo opuesto de la cama y sintió que su corazón se fumaba un cigarro salvaje de esos que relajan y te bajan de mil a setenta revoluciones por minuto sacando a la vaca de la fila del matadero para llevarla de paseo por nubes sembradas de marihuana sudaka. Miró sus ampollados pies y se imaginó que quería un fuerte apretón. Entonces se fundió con la chica del pelo rojo en un apacible y escarlata abrazo.
Por: Daniel Cardona Ochoa
Entre los tres logramos juntar 15 mil pesos, una cifra que aunque no nos auguraba la mejor de las noches sí nos permitía evadir un viernes trasnochador al frente del televisor. La propuesta de Camilo fue inmediatamente desechada. Cero farándula, nada de vallenato, salsa o merengue. El Zorro y yo le dejamos bien claro que esta sería una noche de rock, así de sencillo, y para no dejarlo tan aburrido le permitimos escoger entre El Pub o Montreaux. La democracia es bella.
- Será en El Pub entonces, ya llevamos tres fines de semana seguidos yendo a Montreaux, si no vamos a cambiar de ambiente por lo menos cambiemos de sitio, así sea para ver caras nuevas, culos nuevos - eligió resignado Camilo
- No se diga más, vamos pa´l Pub. Zorro, te encargamos la logística, dale, hoy te toca. - le dije a mi amigo.
- Taxi de aquí hasta El Pub : 3500, botella de cherrynol en el estanquillo : 5500 y entradas al Pub : 6000. Después de hacer un complicado cálculo matemático obtenemos el número mágico de 15 mil, como quien dice, quedamos rallados. - apuntó el Zorro
Nos dimos cuenta de que la cosa estaba jodida y que nos tocaría devolvernos a pie desde El Pub a altas horas de la madrugada, tal vez borrachos y fatigados; el salario de estudiantes no nos alcanzaba para el transporte de regreso y el trayecto en cuestión no era para nada corto. Este hecho no nos desanimó en lo mas mínimo, al contrario, nos encantaban los paseos nocturnos post - rumba en los que embriagados reconstruíamos la noche que acabábamos de secuestrar, tratando de no dejar escapar ningún detalle, la fea que nos habíamos chupado, la pelea con los fastidiosos de turno o la estrellada que alguno se había pegado con el mas delicioso angelito del planeta rock.
El estanquillo fue nuestra primera estación, aquella en la que hicimos la inversión mas importante, en la que nos hicimos al sacro líquido que alteraría nuestros sentidos y nos transformaría en sujetos inmunes a la vergüenza, capaces de hacer el mas grande ridículo sin ningún tipo de temor. Con garrafa de cherrynol en mano tomamos un taxi y nos dirigimos al santuario del rock. Como cosa rara en Medellín, el taxista ambientaba la escena con animados vallenatos que a todo volumen trataban de ensordecernos.
- Aprovechá guevón - le dijo riendo El Zorro a Camilo - es el único vallenato que vas a escuchar en toda la noche.
- Demalas Camilín, hoy solo vas a escuchar a este monito y a sus secuaces - le dije señalando la imagen de Kurt Cobain estampada en mi camiseta.
Los tres nos cagamos de la risa ya bajo el efecto del poderoso cherrynol. El que si puso cara de escopeta fue el conductor, a quien no le gustó ni cinco nuestra crítica musical. Sus gestos nos provocaron una carcajada incontenible que solo pudimos contener apenas llegamos a nuestro destino.
Una larga fila se formaba a la entrada del Pub en la que se acomodaban culos de todas las formas y para todos los gustos, caídos, levantados, firmes, delicados, flácidos, grandes, pequeños, tapados, semiexhibidos, tatuados, vírgenes, bombardeados. Nos acomodamos en la cola y divisando el panorama nos terminamos la botella del barato vino. Algunos nos miraban por encima del hombro, con vergüenza ajena de ver a tres fracasados tomando semejante veneno. Otros, tal vez mas llevados que nosotros, fijaban la mirada en la garrafa con ganas de tomarse un traguito. El resto no nos miraba, al igual que nosotros encontraban suficientes culos con los cuales entretenerse.
Los tres nos encontramos callados, teníamos cada uno la vista puesta sobre una chica diferente, o tal vez sobre la misma, quien lo iba a saber. Desde afuera escuchábamos ¨Basket Case¨ de Greenday, un tema que nos sacudió un poco del aletargamiento que de pronto nos había invadido y que incrementó nuestra ansiedad por ingresar rápidamente al antro en el que nos íbamos a reventar. Poco a poco era menos la gente que se situaba al frente del trío maravilla hasta que por fin llegamos a la entrada donde un tipo musculoso que se robaba las miradas de todos los culitos con los que estabamos soñando nos quitó el resto del dinero que nos quedaba. Doblemente malparido.
Ya en la cueva, nos acomodamos en el mismo sitio de siempre dándole inicio a la cacería de culos. Todo fue oscuridad y vértigo, sonidos estridentes le daban paso a fuertes notas melancólicas, la noche estuvo plagada de besos, sudor, risas, golpes, vómito y silencio. Silencio ? Sí, uno sepulcral que se produjo cuando dieron las 3:00 de la mañana y el DJ apagaba la música. En Medellín se cierran todos los establecimientos a esta hora gracias a la aprobación de un decreto que buscaba disminuir los índices de criminalidad en la ciudad. Se apagó la música y se prendieron las luces, la caverna se iluminó sorprendiendo a parejas apasionadas comiéndose a besos, a borrachos semidormidos recostados contra la pared, a gordas solitarias y aburridas, a gordas aprovechándose de borrachos semidormidos, y a uno que otro periquerito aspirando nieve de alta pureza.
Salimos del Pub y caminamos un par de horas en silencio, con cara de satisfacción el uno, con la mente en Marte el otro, y yo con un acelere en el corazón, producido tal vez por la chica que aquella noche vino a llenar un gran vacío, ó tal vez porque aquel vacío no había podido llenarse aquella noche.
Por: Daniel Cardona Ochoa
Negra veo yo la vida
como la noche, como el carbón
como una estrella extinguida
como el color de mi corazón.
Por: Daniel Cardona Ochoa
La cultura rusa me genera una enorme admiración, tanta, que gran parte de las actividades que cotidianamente realizo están impregnadas de ella. Por ejemplo, cada sábado en la noche destapo la infaltable botella de Vodka que fielmente me acompaña hasta que el sueño me aniquila. Siempre estaré agradecido con los soviéticos por haber inventado el único licor que me gusta, el único que me entra, el que altera deliciosamente mis sentidos y me transporta a esferas desconocidas.
Los viernes y domingos me reúno con mi amigo Abel para cumplir con los sangrientos enfrentamientos ajedrecísticos de fin de semana. Sé que los rusos no inventaron el ajedrez, pero bien sé que son ellos los mejores exponentes de este deporte, son los mejores jugadores del mundo. Me sé de memoria todas las partidas de Kasparov, todas sin excepción, hasta las que jugó contra la monstruosa computadora Deep Blue, símbolo del desarrollo y la tecnología, estandarte del progreso del hombre y de su infinita capacidad. Kasparov es mi gran ídolo, así haya perdido contra la máquina, así se haya prestado para ese macabro espectáculo, que desató una de las mas grandes polémicas filosóficas de fin de siglo, El hombre vencido por la máquina, por su propio invento, por su propio engendro. Ese histórico enfrentamiento entre humano y artefacto me hizo recordar las ejecuciones en la silla eléctrica, donde el humano indefenso muere a manos de la máquina asesina. Si yo hubiera sido Kasparov, mejor me hubiera sentado en la silla eléctrica. Si yo hubiera sido Kasparov, no sería pobre.
Los miércoles voy al Atanasio Girardot, el hermoso estadio de mi ciudad, a ver los partidos del gran Atlético Nacional, el equipo que ha tenido en sus filas a los mejores jugadores de Colombia. Es una delicia ver el buen fútbol del equipo verde, y es que al estadio debe irse a eso, a disfrutar y no a sufrir. El arquero mas emblemático del fútbol colombiano vivió su época de gloria en el Atlético Nacional, estoy hablando del loco René Higuita, del hombre alacrán, el que asombró al mundo con la jugada del escorpión en Wembley cuando el seleccionado colombiano enfrentaba a la poderosa Inglaterra. Afortunadamente pude disfrutar del loco René, porque nunca pude ver en acción al, según dicen los eruditos del balompié, mejor portero del mundo, el gran Lev Yashine, el portero ruso que mundialmente fue conocido como la Araña Negra. Dicen que fue el mas grande de todos los tiempos, y no lo dudo, pues he visto unos pocos videos del arácnido portero suficientes para convencerme de que nunca hubo otro igual, estiradas impresionantes, reflejos felinos, excepcional manejo del área, voladas extraordinarias. Otra muestra mas del talento ruso.
Debo decir que mi colección de libros la encabezan los clásicos de Chejov, Dostoievsky y Tolstoi, genios de la literatura. Igual admiración le profeso a la cosmonáutica soviética, protagonista clave en la conquista del espacio.
En el sexo también practico una variante rusa, me fascina hacerle la mundialmente famosa paja rusa a mi esposa, consistente en insertar la verga entre las tetas y agitarla de arriba a abajo en la frecuencia deseada. La sensación es bárbara. No sé si realmente esta práctica proviene de Rusia, pero su sólo nombre me excita enormemente.
Los juegos rusos son los mejores. Hay uno que me fascina y que juego cada martes desde hace tres meses. Se juega en parejas y sólo se requiere de un buen revólver. Curiosamente, este es un juego que siempre he deseado perder, pero hasta el momento ha sido imposible. El destino no me lo ha permitido. Siempre he salido triunfador, siempre debo dejar abandonado a mi contrincante, siempre debo regresar a casa con una mancha en mi camisa.
Por: Daniel Cardona Ochoa
La precisión debía ser más que milimétrica. A pesar de ser el único hombre sobre la faz de la tierra capaz de realizar una maniobra tan compleja, las probabilidades de éxito eran mínimas.
Varios habían perdido la vida al cometer equivocaciones similares.
Ocultó sus intenciones a su equipo de colaboradores. Jamás hubieran aprobado acción semejante. Sabía además que la operación era absolutamente innecesaria, motivo más que suficiente para garantizar la desaprobación unánime de sus colegas.
En el momento menos esperado, nuestro hombre desafió por un instante a la gravedad. Quedó suspendido en forma horizontal, acostado sobre un frío colchón de aire, mirando fijamente al suelo, imaginando la cara que tendrían sus compañeros en ese mágico instante, imaginando la perplejidad del mundo entero, de los millones de seres que seguían minuto a minuto el desarrollo del acontecimiento del año a través de la pantalla del televisor.
En el momento menos esperado, nuestro hombre desafió por un instante a la gravedad, aquella ley inviolable, aquella ley que irrespetaron sus tacones cuando se ubicaron en el lugar y en el momento precisos para impactar el balón dirigido por el centrocampista inglés hacia una de las porterías del estadio de Wembley, el templo sagrado del fútbol. La maniobra resultó impecable. El mundo se llevó las manos a la cabeza. Higuita había hecho el escorpión en Wembley.
Por: Daniel Cardona Ochoa
- Si quieres pasar a la historia, aprópiate de la K
- ¿La K ?
- Si, la K de Kafka, Kubrick, Kempes, Kant, Kundera y Kasparov. Si quieres pasar a la historia firma Kardona.
- Muchos negros pasaron a la historia cuando la K se apropió de ellos, ¿recuerdas?
- Cómo olvidar la triple K de los racistas encapuchados. Sigue firmando Cardona. No siempre es grato pasar a la historia.
Por: Daniel Cardona Ochoa
A pesar del insoportable calor no derramó una sola gota de sudor. Las tres capas de maquillaje que se anidaban en su cara se convirtieron en un obstáculo insuperable.
A pesar del inmenso dolor le ganó al llanto la batalla. El blindaje que recubría su corazón se convirtió en una coraza infranqueable.
El stress generado por la imposibilidad de evacuar sus aprisionados fluidos le provocó una fuerte histeria. En medio de su enajenamiento se auto recetó un buen baño con agua helada. Abrió el chorro y esperó a que su bañera se llenara. Acto seguido se introdujo en ella. La capa de maquillaje comenzó a desvanecerse. Ríos de sudor se mezclaron con el agua y la pintura dibujando caóticas formas multicolores. Sumergió nuevamente su cabeza, ya despojada del retoque artificial y observó como el flotante maquillaje opacaba la luz exterior.
Una lágrima logró atravesar la fuerte coraza
Por: Daniel Cardona Ochoa
- ¿Qué haces con ese hilo y esas agujas?
- Voy a tejer una red
- ¿Qué tipo de red?
- Una red de prostitución
- ¿Qué ganas con eso?
- Llenar mis arcas
- Y vaciar tu alma
- Mi alma siempre ha estado vacía, nada pierdo.
- Perderás mi respeto.
- Tu respeto no alcanza para llenar mis arcas.
Por: Daniel Cardona Ochoa
- Señor, protégeme con tu Santa Sangre
Esas fueron las palabras que pronuncié cuando aquella entidad posó sus ojos sobre mi humanidad. Sentí un profundo alivio cuando noté que mi invocación había surtido efecto. La oscura figura se alejó inmediatamente.
Hoy le ruego al señor que se desangre y derrame sobre mí cántaros de su fluido santo. La entidad se ha multiplicado.
Por: Daniel Cardona Ochoa
El monje negro decidió dar por culminada la ceremonia. Seis días continuos de rituales y sacrificios fueron suficientes para él. El agotamiento le impedía continuar participando de la celebración. La envidia, una de las virtudes que lo catapultaron a la cima del oscuro escalafón, no le permitía retirarse a descansar con tranquilidad mientras sus seguidores continuaran festejando.
Miró hacia arriba a la vez que accionaba un mecanismo localizado en su trono. Acto seguido, miles de estacas afiladas llovieron desde la cúpula.
Entonces reinó el silencio. Entonces el monje pudo descansar apaciblemente.
Por: Daniel Cardona Ochoa
A pesar de que el sol continuaba escondido, la nieve comenzó a deterrirse dejando asomar los inertes cuerpos que ayer departían conmigo. Advertí un intento de reproche en aquellos rostros pero su rigidez era irreversible.
Algunas lágrimas no llegaron a descongelarse.
Por: Daniel Cardona Ochoa
El Príncipe de las Tinieblas vagaba camuflado entre la multitud. Ninguno de los concurrentes se le antojó lo suficientemente apetitoso como para ser objeto de su sevicia. Eran todos blancos demasiado fáciles.
Decidió entonces salir del tumulto dejando a su paso una estela de admiración y encanto sobre aquellos miserables. Su estampa era majestuosa.
Solitario recordó con amargura la batalla que vergonzosamente perdió milenios atrás contra aquel que alguna vez lo consideró su ángel mas hermoso. Estos recuerdos fueron sacudidos por el avistamiento de una figura confusa en medio de aquella nada. Era una hermosa joven que transpiraba inocencia a través de cada uno de sus poros, era la presa que el Príncipe anhelaba. Rápidamente abordó a la muchacha con la intención de sumergirla en un mar de irresistibles tentaciones. La joven sintió su presencia y fue ella quien inició la breve conversación:
- Poderoso Señor, tu tardanza me estaba impacientando.
El Príncipe notó que estas palabras evaporaron todo rasgo de inocencia. Reconoció en aquella voz al ángel caído que alguna vez fue su preferido. Nuevamente perdió la batalla.
Excluido de los reinos de la Luz y las Tinieblas vaga avergonzado en busca de un imperio donde reinar
Por: Daniel Cardona Ochoa
- Es un dragón enorme! Nuestro rudimentario armamento de poco nos servirá. Propongo que abortemos el plan. Un enfrentamiento de este tipo sería absurdo, pereceríamos en el acto. Dejo a consideración del honorable Concejo la posibilidad de realizar un sacrificio en su honor, de esta forma nos dejará tranquilos. Son simples matemáticas, ¿qué es peor? ¿perder una vida ó perder miles?
El tono de angustia en su voz era inocultable.
Sus palabras tuvieron eco en el Concejo. Se optó por acoger la propuesta y desechar la opción bélica. El máximo representante del Concejo tomó la palabra:
- Eres un verdadero patriota, tu corazón no concibe que mueran miles de los tuyos en una batalla absurda. Tus hermanos te estarán eternamente agradecidos.
Terminó su intervención haciéndole una seña a la guardia real. Los soldados apresaron al valiente y lo condujeron a la morada del colosal lagarto.
Por: Daniel Cardona Ochoa
Un gordo pavo era exhibido en medio de cubiertos de fina platería. Dos campanazos bastaron para que a su alrededor se acomodaran los miembros de la familia. Una oración precedió al banquete. El pavo, a pesar de su gran volumen, no colmó las expectativas de los comensales. El problema no era cuestión de calidad sino de cantidad. El sólo hecho de sostener el afilado y plateado cuchillo entre sus manos era motivo suficiente para mantener abierto el apetito. Cuchillos y tenedores comenzaron a golpear al unísono la mesa, primero lenta y pausadamente, para terminar en un frenético traqueteo. El líder de la familia, el señor Charles, les dirigió una mirada tranquilizadora, dando a entender que se encargaría de eliminar aquel colectivo descontento. Un pavo de fin de año no era el regalo navideño mas apropiado para sus exigentes hermanos. Se levantó en medio de miradas suplicantes y un delirante tum tum. Un instante después regresó de la cocina observando complacido la forma en la que el martilleo se convertía en un júbilo incontenible. Una gorda cocinera era exhibida en el lugar donde minutos antes reposaba el pavo.
Una oración precedió al banquete.
Por: Daniel Cardona Ochoa
No ha fallado un sólo lanzamiento. Desde el comienzo del torneo ha atravesado con suma precisión cada una de las manzanas debidamente dispuestas sobre las cabezas de aquellos osados aldeanos que se han prestado por tan sólo unas monedas al riesgoso espectáculo. Tal es la confianza que su emblemático arquero les despierta.
Una última prueba debe afrontar. En esta oportunidad los jueces han incrementado la distancia hasta límites nunca explorados. Los nervios le juegan una mala pasada, es inevitable, el aldeano escogido lleva su propia sangre, regla de oro de la competencia. Esto podría considerarse una insignificancia si no fuera porque la organización ha establecido a última hora una nueva norma: la flecha a utilizar será facilitada por el propio organismo. Es que no falta el ignorante que crea en los chismes que se esparcen por todos los rincones, esos que dicen que el arquero tiene flechas mágicas conjuradas por el shamán de la comarca.
El brazo tiembla, el pulso duda. El viento no ayuda y rebelde cambia su rumbo de manera intempestiva. La flecha se libera. El torneo finaliza.
Por: Daniel Cardona Ochoa
El sepulturero ha muerto. Sucedió exactamente hace un mes, en horas del medio día, cuando enterraba a una joven de corta edad en el mejor lugar del cementerio. El dictamen médico concluye que la causa del deceso fue una fuerte deshidratación. El análisis preliminar de ADN señala con un alto porcentaje de certeza que el difunto enterrador y la joven en cuestión estaban íntimamente emparentados.
Caía la tierra sobre el ataúd, caían las lagrimas sobre la tierra, caía el sepulturero sobre las lágrimas, caía el sol sobre los muertos.
Tanto lloró que la tierra sobre la que se desplomó fulminado por el dolor se hizo un barrizal. Tanto lloró que su muerte fue interpretada como una simple deshidratación. Tanto lloró que su hija tuvo un baño post – mortem.
Un mes después se sigue buscando quien lo reemplace. Montañas de rígidos cuerpos se acumulan en el cementerio esperando a que alguien empiece a cavar.
Por: Daniel Cardona Ochoa
El camino parecía interminable. El sol aporreaba los sentidos y distorsionaba la realidad. Vi la silueta de una niña que jugaba con su gran pelota en medio de la carretera, en medio de la nada. Me acerqué a la infante y le hice un par de preguntas. No obtuve respuestas. La menor me ignoró completamente, parecía como si no se percatara de mi existencia, concentrada en el rebotar eterno de su preciada esfera de plástico. Opté por continuar mi camino y dejarla atrás. Después de un par de pasos escuché su voz. Miré hacia atrás. Solo vi la gran pelota y pequeños huesos dispuestos a su alrededor.
Por: Daniel Cardona Ochoa
Bogotá, Noviembre de Mil novecientos noventa y pico.
Una de las mas grandes agrupaciones de rock visita el gran botadero. Guns and Roses en el Campín, boletería agotada, miles de fanáticos de todas las regiones de Colombia viajan a la capital para observar el espectáculo de la década.
Guns and Roses en el Campín, boletería falsificada, miles de fanáticos de todas las regiones del país viajan a la capital para quedarse afuera del estadio.
La multitud se enardece, piedra va, piedra viene. El personal de seguridad responde, bolillo va, bolillo viene. La trifulca es descomunal, llegan refuerzos de la policía y del ejército. El enfrentamiento está como para alquilar balcón. Los asistentes al concierto suben las gradas y observan el alboroto que se desarrolla en el exterior. La bulla externa opaca los temas de la agrupación. Policías y civiles ensangrentados persisten en su confrontación, no ceden una pulgada, los soldados llenan las tanquetas en un segundo con los fanáticos menos fuertes, las tanquetas no dan abasto. Los que están en el estadio avivan el fuego, insultan a los policías, ignoran a los soldados y saludan a los seguidores del mejor grupo del mundo. Comienza a llover a cántaros. Los enardecidos fanáticos se dispersan , no sin antes romper todo lo que se encuentran a su alrededor, ventanas, cristales, parabrisas y vitrinas. Los policías se dispersan, no sin antes romper un par de huesos. Los soldados se dispersan, no sin antes romper las reglas.
Los fanáticos que permanecen en el estadio regresan a sus sitios, no sin antes romper en llanto al ver que su grupo favorito da por culminado el concierto, no sin antes romper mas de un corazón.
Por: Daniel Cardona Ochoa
Maldito teléfono de mierda, detesto su silencio implacable, su mudez indiferente, su insensible apatía. Por qué putas no llega el tan ansiado RING? ese agudo pitido que anhelo con mayúsculas para que se haga ensordecedor y me reviente los oídos sacudiéndome de este letargo en el que me ha sumido tu ausencia.
Conozco la respuesta pero me hago la loca, soy Jane y soy mas lista de lo que parezco, puedo patear el mañana y morir en el ahora, puedo escupir para arriba y esquivar el pegajoso proyectil, puedo mirar un teléfono y morir de ansiedad a sabiendas de que reinará el silencio.
Maldito Sergio de mierda, detesto tu frialdad incandescente, tu abyecta cobardía, tu incapacidad de meterte en una cabina telefónica de mierda para cantarme la verdad a distancia, para decirme que desde que empecé a ganar kilogramos comenzaste a despreciarme, para alejarte con un mínimo de decencia, para esfumarte con decoro.
Maldito Sergio de mierda, sabes bien que soy Jane y que soy mas lista de lo que parezco, sabes bien que aunque me trates como un trapo y no te deba nada podrás regresar mañana para encontrar mis piernas abiertas.
Un espejo de mierda dibuja cuadros de Botero cuando me atrevo a enfrentarlo, la perversa superficie vítrea se carcajea al contemplar tan dolorosas curvas, un execrable reflejo me destroza el ego y me escupe en el alma.
Soy Jane y aunque soy mas lista de lo que parezco no dejo de celebrar el ritual de lo habitual, no dejo de observar el teléfono mientras una maldita y salada lágrima desciende lentamente hasta mis obesos labios desafiando el dulce sabor del chocolate que se deshace en mi paladar.
Por: Daniel Cardona Ochoa
Aguantarse el parloteo de una asquerosa cabeza mal acomodada en una cesta de mimbre no constituye una dulce condena, mucho menos cuando su discurso supera en repugnancia al olor despedido por la testa en cuestión. No me explicó la razón por la cual no he logrado deshacerme de tan molesta compañía, durante infinidad de oportunidades he intentado tirar la cesta junto con su contenido por el shut de la basura, he rellenado la canasta con pesadas rocas con el objetivo de lanzarla al agua y hundirla para siempre en el fondo del río X, he rociado la cabeza con gasolina con la intención de convertirla en cenizas, he tratado de leerle cuentos de Paulo Coelho para matarla del aburrimiento pero siempre me ha detenido un impulso irrefrenable. Una y otra vez he regresado a mi habitación con el rabo entre las patas, escuchando impotente la incesante burla de la cabeza que me repite con su voz chillona que soy un cobarde, que jamás podré deshacerme de ella y que nunca tendré el valor de dejarla atrás para arrancar desde cero.
A veces pienso que mi mente me juega malas pasadas y que todo es producto de mi imaginación. A veces pienso que es posible besar los demonios fuera de mis sueños. Es en esos momentos de mediana lucidez cuando en vano cierro mis ojos para desconectarme de la “realidad”, pero allí vuelvo a encontrarme con la maldita entrometida para recordarme que tengo su imagen fijada en el lado de adentro de mis párpados. Tal vez no sea un paranoico, tal vez sólo estoy drogado, puedo darle crédito a esta afirmación ya que a medida que se evapora el efecto de la heroína se hacen mas tibios los punzantes comentarios de la cabeza. Tal vez sólo estoy drogado porque a medida que la jeringa se clava sobre la pálida carne van subiendo de tono las chanzas, los insultos se hacen mas agresivos y el odio que le profeso se incrementa en progresión exponencial. No le respondo, dejo que me ataque de frente y que me cante lo que se le venga en gana, dejo que me grite hasta que me sangren los oídos; me limito a lanzarle una confusa mirada que se divide entre el odio que ella me genera y el placer que me causa el efecto de la adictiva sustancia que inunda mi sangre. Tal vez no sea un paranoico, tal vez sólo esté drogado y necesite la ayuda de un profesional.
La oficina de la psiquiatra es impecable, lo único que desentona es el paciente, ah, y claro, su infaltable acompañante. Le explico que me estoy desmoronando, que a veces me arrastro, que a menudo mi mente me juega malas pasadas y que tal vez sea un paranoico. La cabeza le dice que mis palabras no son mas que basura, que sólo soy un maldito drogo que tocó fondo y allí permanece anclado, que no pierda su valioso tiempo con un caso perdido. La voluptuosa doctora parece ignorar sus consejos y me despacha con un desconcertante diagnóstico: “Amigo, lo que lo tiene abatido es la falta de sexo”. No sé cómo llegó a semejante conclusión en tan corto tiempo, no le hablé de mi vida sexual ni de nada parecido; pudo ser que el hecho de no haberla mirado a los ojos durante el transcurso de la consulta me haya delatado, sus enormes tetas y el pronunciado escote no me han dejado opción. Salgo del consultorio con la firme intención de solucionar mi problema, tal vez la doctora no se equivoque y lo que de verdad necesito es una buena sacudida. Desesperado emprendo la búsqueda de una callejera que llene mi “falta de sexo”. Me doy cuenta de que se ha hecho tarde y de que un amago de lluvia amenaza con caer desde las estrellas para despeinar al ocupante de la cesta y para empapar este dolor que se resiste a adaptarse al frío. .
“No pudiste conseguir una puta mas horrible que este adefesio?”. Su perorata me desconcentró haciéndome caer la verga, ni siquiera la imagen de las tetas de la psiquiatra logró levantarla de nuevo. Había pagado por media hora y aún quedaban veinte minutos, tiempo suficiente para que se cambiaran los papeles y fuera ella quien se dispusiera a penetrarme. Comenzó a hundirme lentamente la aguja, mas lentamente que el desarticulado fluir de mis aflicciones, lamentos ahogados sobre nada y sobre todo que inundaban la pena mas profunda y que me hacían ver como el idiota melodramático que era, como el neurótico hasta los huesos al que se le imposibilitaba enternecer a la mas horrible prostituta. “Deja de lloriquear maldito fracasado, acaso vez algún hombro sobre el cual llorar? Yo carezco de ellos y los de esta perra ya están mojados” La heroína entraba al torrente sanguíneo haciendo que las burlas se hicieran cada vez mas pesadas, embelleciendo a la horrible puta, llenando mi alma de sufrimiento y consumiendo la poca vitalidad que le quedaba a este pálido esqueleto.
Afortunadamente las putas no tienen buena puntería a pesar de practicar incesantemente el tiro al blanco. Por eso es que se puede confiar en ellas, por eso se les puede entregar una jeringa, porque siempre existirá la posibilidad de que se les vaya la mano y te manden al boulevard de los sueños rotos, allí donde uno a lo mejor por fin camina sólo, sin la compañía de las sombras que nunca se pudieron acallar. Por eso es que se puede confiar en una puta, porque es muy probable que te de un largo beso de buenas noches y se haga demasiado tarde para dar marcha atrás.