A LAS PATADAS
A LAS PATADAS
Por: Daniel Cardona Ochoa
Un hombre de barba descuidada se para frente a un dispensador de Coca Cola. Saca unas cuantas monedas de su maloliente bolsillo, las inserta en la ranura y oprime el botón rojo. La anhelada gaseosa no sale por el orificio correspondiente. El hombre, furioso, le propina un violento puntapié a la farsante máquina. Salen dos latas de Coca Cola.
Algunas veces las cosas no marchan por las buenas, hay que hacerlas funcionar a las patadas.
Un muchacho le chupa la verga a un mastodonte en un oscuro callejón. De repente retira su boca del grueso pito al escuchar un sonido aterrador. Dos cabezas rapadas beben whisky barato directamente desde la botella y golpean con sus puntas de acero las canecas de basura que encuentran a su paso en el estrecho pasadizo. El de la verga afuera reacciona instintivamente y le mete un rodillazo al chico en plena cara antes de evaporarse. El joven tarda un segundo en incorporarse. Cuando te encuentras en un callejón, un segundo es demasiado tiempo. Hacía un instante tenía un pito metido en la boca, ahora es un puñal lo que le oprime la garganta.
- A ver mariconcito, ¿la izquierda o la derecha?
El pánico le impide responder. Temblando y sollozando espera por un milagro que no se produce. Ante su silencio deciden dejarlo emparejado antes de continuar su anárquico camino, una marca profunda se imprime en cada mejilla.
Una patrulla motorizada se detiene frente a un restaurante italiano. El parrillero ingresa al establecimiento. El otro lo espera afuera, vigilante. La información que les fue suministrada es evidencia suficiente para meter tras las rejas al alacrán durante una buena temporada. Minutos mas tarde, sale el oficial con cara de satisfacción y dos sobres entre sus manos. Le entrega uno de ellos a su compañero mientras le guiña el ojo. No todo tiene por qué solucionarse a las patadas. La patrulla arranca a toda velocidad.
El vago sale de la tienda esgrimiendo las dos latas de coca cola a modo de preciada victoria. Justo en la puerta se topa con una señora elegante que lo mira por encima del hombro. Recuerda que no le quedan mas monedas en el bolsillo así que le pide algo de dinero a la distinguida mujer. Ésta lo ignora e intenta ingresar al almacén. La amenaza entonces con golpearla con una de las latas de soda negra consiguiendo amedrentarla. La señora saca al azar un billete de su cartera y se lo entrega presa del pavor. El viejo desocupa su mano derecha introduciendo una de las latas entre sus pantaloncillos. Con la mano libre y untada de sexo le recibe el billete. Nota dos cosas, la primera es la cara de asco que se dibuja en el rostro de la generosa dama, la segunda es que el billete tiene una elevada denominación. Sonriente se retira del lugar en busca de la callejuela que le sirve de residencia.
Algunas veces las cosas no marchan por las buenas, hay que hacerlas funcionar a las patadas.
Dos tipos con chaqueta de cuero patean la última caneca en pie. Celebran su exitosa cacería bebiendo algo que sabe a gasolina, profiriendo insultos homofóbicos y cantando algunos estribillos punk en un pésimo inglés.
Un vago dobla la esquina encontrándoselos de frente. Se aparta imperturbable con su coca cola hacia la sucia pared para dejarlos seguir. Los cabeza pelada se lanzan navaja en mano hacia el mismo extremo para cerrarle el paso. El viejo saca una pistola casera invitándolos a desviar su camino. No lo consigue, tan solo logra hacerlos doblar de la risa.
- Nos cagamos del susto con esa mierda hechiza, vago asqueroso
El tubo artesanal de un solo tiro no los intimida. Saben que a lo sumo les causará un rasguño así que no vacilan en abalanzársele. El viejo aprieta el gatillo, los detiene por un instante. Uno de ellos queda paralizado durante un segundo. El otro se revuelca en el piso llevándose la mano a su sanguinoliento ojo. Su camarada reacciona y se va en embestida contra el mendigo. Le provoca castrarlo, al tenerlo a su alcance le propina una puñalada en las pelotas. Un chorro de coca cola sale disparado de los malolientes calzones mojando el pantalón de cuero de su agresor. Se dispone a proseguir con su embate pero el ruido de un motor conocido detiene la agresión.
Dos policías malencarados estacionan su motocicleta en la esquina del callejón. Descienden y caminan lentamente hacia la escena del pleito.
- ¿Cuándo es que vas a cansarte de meterte en líos, maldito vago? - le dice el policía acomodándose sus gafas oscuras con parsimonia.
- No jodas, Bracamonte, este tipo me quería cortar las guevas, yo solo me defendía.
- No importa, hoy estamos de buenas pulgas. La información que nos pasaste nos permitió sacarle una buena tajada al alacrán - agrega mientras se quita sus guantes y saca su pistola.
- Ojalá esta vez no se te olvide darme mi porcentaje - replica el vago con insolencia
- Aquí lo tienes – le dice el oficial entregándole un par de billetes – y lárgate de aquí que te voy a hacer el favorcito. Andando!! Andando!!
El viejo se retira rápidamente, no sin antes recoger la botella de whisky que traían el par de pelones. Mientras se aleja se manda un sorbo y escucha dos tiros. Sonríe.
Una moto con placas oficiales se pierde en las podridas calles de la ciudad mientras un afeminado joven con el rostro ensangrentado escupe y patea sin cesar dos inertes cuerpos envueltos en cuero.