PAYASA
PAYASA
Por: Daniel Cardona
Sus nada originales cuentos de vampiros siempre me hicieron pensar que no era más que una payasa. Decía con desdén que no soportaba la cara de solemnidad fingida por sus colegas cada vez que clavaban sus colmillos en el cuello del primer incauto que se les atravesaba.
- Pura pose - me decía al calor de unas cervezas - ¿acaso tu rostro se torna ceremonioso mientras se lo metes a tu noviecita?
No le presté atención a su pregunta. Estaba demasiado concentrado en sus enormes tetas. Ya me estaba cansando de esas historias transilvanescas pero jamás me cansé de mirarle las tetas. O tal vez sí, un día me cansé de observarlas y dí el siguiente paso. Con algo de brusquedad se las agarré sin encontrar resistencia. Me dejó succionar su pezón y yo a su vez dejé que me enterrara sus dientes en el pescuezo. Mientras lo hacía no paraba de reirse. Nunca se tomó nada en serio. Ni siquiera mi sangre.