RENOIR GRATUITO
RENOIR GRATUITO
Por: Daniel Cardona Ochoa
Pre - Scriptum:
Si eres un experto en materia de arte, no leas lo que se viene, puede provocarte escozor intestinal
Siempre creí que tenía cierta sensibilidad para el arte. Nunca se me dificultó acomodar las películas de Woody Allen o Jim Jarmusch en una cesta bien diferente a la que utilizo para depositar la gran cantidad de basura generada por la poderosa industria hollywoodense.
Jarmusch, Allen, Arte. Fácil.
Maradona, Pelé, Arte. Fácil.
The Doors, The Cure, Rolling Stones, Arte. Fácil. Cuestión de sensibilidad.
Renoir, Matisse, Picasso, Arte. Fácil. ¿FÁCIL? Stop. No es tan fácil. Retrocedamos un poco, bueno, un poco más, ahí, detengámonos ahí. Medellín, Carrera 70, 2001, día soleado. Camino en dirección al estadio. Observo a un marihuanero pintando algunas acuarelas. Me detengo. Es la que está pintando justo en ese momento la que me llama la atención, es hermosa, en menos de siete minutos plasma el carnaval desatado en la 70 después de que el seleccionado colombiano se coronara campeón de la Copa América 2001. Me gustaría colgar esta pintura en mi habitación. Le pregunto por el costo. Me pide una cifra irrisoria, sin embargo le pido rebaja. Sorprendentemente accede a mi petición y baja el monto. Escucho la voz de la avaricia diciéndome al oído que no debo malgastar el dinero en pendejadas sin utilidad. Guardo nuevamente las monedas en mi bolsillo y sigo caminando. A lo lejos escucho un grito del marihuanero, me hace entender que ha bajado aún más el precio de su pintura. Me hago el de los oídos sordos.
Algo me pica en el alma cuatro cuadras mas adelante. Deseo aquella acuarela a como de lugar. Además, es una ganga, tengo que aprovechar. ¿Arte? tal vez no. Regreso. El marihuanero pinta algo nuevo. Me saluda. No le respondo, no hay tiempo para eso, tan solo le pregunto por la pintura que ahora no veo por ningún lado. La acaban de comprar, me dice. Mierda. El alma ya no me pica, me arde. Observo las demás pinturas. Ninguna me gusta. Saco todas mis monedas. Se las regalo.
Adelantemos un poco, bueno, no tanto, ahí, detengámonos ahí. Montreal, Estación de Metro Berri Uqam, 2007, día helado. Observo un cartel mientras espero la llegada del metro. Las colecciones de Matisse y Renoir podrán visitarse sin ningún costo durante este mes en el Museo de Bellas Artes de Montreal. Observo el reloj. Lo que iba a hacer hoy lo dejo para otro día. Prefiero ir al museo. Es una ganga, tengo que aprovechar.
Me bajo cuatro estaciones mas adelante, camino media cuadra y llego a mi destino. Entrego mi maleta a la entrada, me dan un ficho y un mapa, elementos suficientes para moverme a mis anchas en el museo. Como soy pésimo para la cartografía trato de detectar el lugar donde hay mayor concentración de gente. Lo ubico. Atino. Allá está la colección de Renoir. Me acomodo frente a una de sus mas famosas pinturas: El almuerzo de los remeros. ¿Arte? Tal vez sí. No siento nada. Cierro los ojos. Se viene a mi mente aquella acuarela que ví por un instante seis años atrás en Medellín. Me pica el alma. Mi Renoir es un peludo que fuma marihuana en alguna calle colombiana. Abandono el museo.
Post Scriptum:
Renoir, sacúdete en tu tumba.